Los criminales de la pandemia
6 agosto, 2020De Primera Mano Tajín
Los criminales de la pandemia
Por Omar Zúñiga
El domingo pasado, durante la conferencia vespertina que ofrecen las autoridades sanitarias para dar a conocer la situación del Covid-19 en el país, el director general de la Coordinación de los Institutos Nacionales de Salud CINS, Simón Kawa Karasik, salió a decir que hay un catálogo de medicamentos que no están indicados en el tratamiento contra el SARSCov-2.
Este bicho causante del Covid-19, ciertamente resistente y mutante, ha causado muchísima polémica en cuanto a síntomas y tratamiento (ni meternos con su origen), sin embargo, el primo de un amigo contagiado recientemente quiénsabedónde, conoció la lista dada a conocer por Kawa Karasik, y entre los fármacos que encontró están la Ivermectina –usado para combatir los piojos de los chamacos contraídos en las escuelas en lo que conocíamos como normalidad allá por el año 2019-, la Azitromicina y la Hidroxicloroquina, entre otros.
Pues bien, como decía, este amigo de mi primo resultó contagiado de Covid-19 con síntomas que los especialistas dan como inequívocos: pérdida del olfato y del sentido del gusto o el sabor.
Inmediatamente buscó ponerse en contacto a través de línea telefónica al número de emergencia y reportar su caso a las autoridades sanitarias, pues además había estado en contacto con un paciente Covid, situación que nunca ocurrió pues nunca contestaron, por lo que buscó ayuda profesional y contactó –vía telefónica también- a tres médicos especialistas. Uno de nacionalidad cubana, uno más avecindado en Xalapa, ambos con experiencia en el tratamiento de la enfermedad; y uno más con residencia en la Ciudad de México que ha estado en la llamada “línea de fuego” en el Centro Médico Nacional 20 de Noviembre, desde que empezó este chisme.
Los tres coincidieron en que debía tomar el medicamento contra los piojos y Azitromicina, además de algún analgésico, pues el dolor de articulaciones, muscular, de cabeza, de ojos, de nariz, de oídos y las altas temperaturas por 16, hasta 18 horas al día, eran verdaderamente insoportables, a grado tal que hizo actos de contrición, se confesó, pidió perdón a todomundo, hizo testamento (imaginario), de todo, pues, además le entró a la hidroxicloroquina, que se la prescribió otro especialista y ahora se pregunta -pues obviamente vive para contarla-, cómo es que los medicamentos que tomó por indicaciones de cuatro personas, profesionales de la salud todos, con experiencia en el tratamiento del Covid-19, la gran experiencia que pueden dar los cinco meses de que se conoce en México a partir de que llegó el primer caso conocido el 28 de febrero pasado, no sirvan para nada…
En los albores de los años noventa del siglo pasado (uuuffff) en las aulas universitarias, Rubén Oftiz Frutis nos dio cátedra de lo que eran los observadores participantes y no participantes, como base para poder redactar una pieza periodística y convertirse así en una fuente informativa de primera mano, es decir, no hay intermediarios y la información resultante es de lo más fidedigno…, pues al primo de mi amigo básicamente le tocó bailar con una de las más feas y se convirtió de manera involuntaria en un observador participante contagiado de Covid-19.
Por eso la extrañeza de que los medicamentos que le fueron suministrados y que le salvaron la vida, ahora fueran borrados de un plumazo por un funcionario (por no decir burócrata) de la Secretaría de Salud, publicados en una lista de fármacos que se supone no sirven para el tratamiento de la pandemia… (por cierto estos son todos productos incluidos en esa lista: ivermectina, nitazoxamida, azitromicina, ozeltamivir, hidroxicloroquina, tocilizumab, además de terapia con células madre y dióxido de cloro).
Y la extrañeza aumenta cuando Simón Kawa en esa misma conferencia del domingo, dijo que un tratamiento “eficaz y comprobado es el uso de dexametasona para pacientes hospitalizados, pues ha demostrado ser un tratamiento efectivo, con oxígeno suplementario”, cuando apenas el 9 de julio psado, es decir hace menos de un mes, el flamante subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell e integrante del Reglamento Sanitario Internacional de la OMS, dijo que la dexametasona aún no se puede considerar como un medicamento para tratar la enfermedad provocada por el virus SARSCov-2, explicó: “no hay todavía tratamiento, ni en México, ni en el mundo que haya contribuido a reducir la hospitalidad o intensidad de los síntomas”, no ellos mismos se ponen de acuerdo.
Obviamente alguien miente (así, cacofónico) y el primo de mi amigo no lo hace, pues como expliqué, se convirtió en observador participante de esta historia de terror, y además dos personas muy allegadas a él –familiares en línea directa- fueron tratados con los mismos medicamentos y también salieron adelante, es decir evidencia para sostener lo aquí escrito, existe.
Cuáles son los motivos de las autoridades de Salud para tergiversar de esta manera la información…, no lo sé, ni me atrevo a suponer algo, pues hacerlo significa especular y a estas alturas del partido sería algo criminal y eso es lo que ellos hacen.
Esperemos, pues, que la historia y alguien más terrenal los juzgue y ojalá sea pronto.
Por vía de mientras, estimado lector, si puede hacerlo, quédese en casa, si no, cuídese, use cubrebocas, careta, lávese las manos constantemente y en caso de que presente algún síntoma, acuda con un profesional de la salud, el tratamiento temprano es determinante.
Esta enfermedad no es un juego, no es un invento, no es parte de una teoría conspiracionista para un apocalipsis zombie, es una pandemia que científicos de todo el mundo esperaban desde hace años y que aún así tomó a todos desprevenidos y que se ha alojado en nuestra sociedad como una realidad irrefutable, que pone en evidencia la fragilidad de la vida humana.
(PD Gracias por esta oportunidad)
deprimera.mano2020@gmail.com


